
Somos de Alicante, no demasiado lejos de la Manga, sin embargo siempre fue un lugar fuera de la ruta, quizá la fama por el turismo masificado, la explotación urbanística, no se, pero siempre nos produjo un poco de rechazo, no era un lugar para ir, al menos para unos levantinos. Si, supongo que se pueden llamar prejuicios.
Es cierto que nunca pensamos en terminar ahí con el Azul, pero diversas circunstancias nos llevaron, la primera fue Jesús nuestro vecino de barco en San Gabriel, él apareció por allí antes que nosotros y nos hablaba bien, también teníamos la Varada pendiente y estaba ya casi seguro que sería en Torrevieja, al menos era un varadero que nos permitia trabajar a nosotros. Y también el puerto de San Gabriel sufrió un cambio en la dirección y empezaron a haber cambios drásticos en el puerto que no nos encajaban.
El caso es que en febrero de 2024 llegamos al puerto Tomás Maestre, un puerto situado en el canal del Estacio, justo entre los dos mares, todavía recordamos la entrada, un banco de peces tremendo nos acompaño al amarre asignado, nunca lo habíamos visto en un puerto y hasta ahora no lo hemos vuelto a ver. Las señales eran buenas. Jesús nos recibió desde el puente y le dio tiempo a llegar a nuestro amarre a ayudarnos a atracar junto con Verónica, marinera del puerto que acabo siendo una nueva amiga. No podíamos pedir mas. Sin embargo también apareció Tomás, un antiguo de la familia, con quién estrecharíamos muchos lazos en nuestra estancia.

Era invierno, La Manga es una población turística y en invierno está vacía, solo están los que viven allí todo el año y no son muchos, impresiona, muchos edificios y un aspecto un poco fantasmagórico. Es un sitio particular, una lengua de tierra que casi une desde el sur Cabo de Palos con el norte, San Pedro del Pinatar. Y digo casí puesto que no están unidos. Un brazo de tierra estrecho que separa el mar Mediterráneo del Mar Menor, con una sola calle de mas de 20 km, dicen la calle más larga de España. A la Manga se entra por el sur y se sale por el sur, un camino sin salida.
LLegamos con prejuicios que empezaron a derrumbarse nada mas tocar tierra. Nuestro amarre quedaba pegado al dique de poniente, al lado del Mar Menor y pronto descubrimos un chiringuito, a 50m del Azul, donde nos esperaban las puestas de sol mas bonitas que habíamos visto nunca y que nos proporcionaría la conexión con habitantes de la Manga que se convirtieron en grandes amigos. El chiringuito de Elayne, ella, Elayne, una mujer valiente, alegre y risueña que nos acogio desde el principio.
Allí conocimos a Carlos y a Seline, el Madrileño y ella Francesa, vecinos del puerto y ambos expatriados en La manga, vivian por la parte final de la calle más larga, alli donde no llegas si no tienes algo que hacer, vecinos entre sí. Un cariño especial nació entre nosotros. Viven en un paraiso, ellos lo saben y nosotros empezabamos a aprenderlo.

Luego están los habitantes del puerto, aquellos que viven en los barcos, el Tomás Maestre es un puerto grande y hay algunos, Paco del "Yuluka", Carlos del "Agrado" o Perfecto y Zoraida del "Zoper" ésto ultimos estaban de paso, siguen su travesía hoy por el adriatico, pero estuvieron el tiempo suficiente para echarnos unas risas.
Fue un tiempo descontrolado, salvaje y realmente divertido, siempre había con quien tomar una cerveza o dar un paseo al borde del mar, pero también fue una epoca de trabajo en el Azul, fue el periodo de Volvotor. Primero buscar al mecánico oficial de la Volvo para hacer cambios de correas, todavía no me atrevía con eso, y lo hicieron mal.. Buff, solo sacaron de punto el motor, pero podía haber sido mas grave. Concesionario oficial de Volvo Penta de Cartagena y no baratos.
El turbo no funcionaba, hubo que cambiarlo eso ya lo hicimos nosotros, con la ayuda de Carlos y Paco, ahí está y sigue funcionando, ya no me atreví con los de la Volvo. Y el Codo de Escape, una rehabilitacion en profundidad donde también me ayudaron los dos.
Por otro lado Tomas me ayudo con los guardines y la mecha del Timon, una revisión y mantenimiento, un fallo latente que tenía que pudimos soluionar. Nos ayudó con muchas cosas, con las velas, aportando su experiencia y sabiduria en el mar, navegante durante muchos años y se notaba. Claro está que siempre encontramos tiempo para tomarnos unas "Chelitas", y disfrutamos muchos momentos que ya están integrados en nosotros para siempre.
Imposible narrarlo todo, fueron meses intensos que nos transformaron, meses aprovechados en todos los aspectos y que nos trajeron gente nueva y maravillosa, todo eso nos llevamos de allí, como nos lo ibamos a dejar?.
En agosto, dejamos el puerto pero no rompimos lazos, nos fuimos al mar menor a pasar unos dias a fondear, pero eso forma parte de otra historia que en poder lo contaremos.
Los ojos se nos siguieron llenando de Atardeceres.